la frente erguida, trémula la crin,
tascando el freno, el suelo golpeando,
la oreja atenga al eco del clarín;
mal vestido, tostado por el sol,
sacudiendo la lanza y con la vista
clavada en el ejército español.
Al frente un cuadro ve, la señal oye,
hace sentir la espuela a su corcel,
encórvase en la silla, centellean
sus dos ojos de rabia y de placer.
Un instante nomás! sangre chorrea
la roja banderola; en sangre está
sangre hace con sus cascos salpicar.







