Quizá tenía catorce o quince años de primavera.
Para mis sueños la flor de la vida,
para el mundo esa edad parece simpática.
Linda corola del tiempo. Oh, canción de la vida
para una niña de la gran ciudad.
Ella siempre es luminosa a los veinte años.
La forma de mujer me revela todavía
el deseo de esperar la tarde, al menos una vez
espectativa amorosa, festones de mi corazón
por la muchacha más linda de mi barrio
por la muchacha más linda de mi barrio
vaya esa irremplazable mujer.
Por fin había calmado la angustia
penetraba lentamente por mi piel y esto sucedió
con una rosa arquetípica perla de la naturaleza.
En solemne confidencia; sus labios temblaron,




