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viernes, mayo 04, 2018
La Romanza Del Recuerdo - Ismael Enrique Arciniegas
viernes, mayo 30, 2014
A Solas - Ismael Enrique Arciniegas
¿Quieres que hablemos?... Está bien... empieza:
Habla a mi corazón como otros días...
¡Pero no!... ¿qué dirías?
¿Qué podrías decir a mi tristeza?
No intentes disculparte... ¡todo es vano!
Ya murieron las rosas en el huerto;
el campo verde lo secó el verano,
y mi fe en ti, como mi amor, ha muerto.
Amor arrepentido,
ave que quieres regresar al nido
al través de la escarcha y las neblinas;
amor que vienes aterido y yerto,
donde fuiste feliz... ¡Ya todo ha muerto!
No vuelvas... ¡Todo lo hallarás en ruinas!
¿A qué has venido? ¿Para qué volviste?
¿Qué buscas?... ¡Nadie habrá de responderte!
Está sola mi alma, y estoy triste,
inmensamente triste hasta la muerte.
Todas las ilusiones que te amaron,
las que quisieron compartir tu suerte,
mucho tiempo en la sombra te esperaron,
y se fueron... ¡cansadas de no verte!
Cuando por vez primera
en mi camino te encontré, reía
en los campos la alegre primavera...
toda esa luz, aromas y armonía.
Hoy... ¡todo cuán distinto! Paso a paso
y solo voy por la desierta vía.
—Nave sin rumbo entre revueltas olas—
pensando en las tristezas del ocaso,
y en las tristezas de las almas solas.
En torno la mirada no columbra
sino aspereza y páramos sombríos;
los nidos en la nieve están vacíos,
y la estrella que amamos ya no alumbra
el azul de tus sueños y los míos.
Partiste para ignota lontananza
cuando empezaba a descender la sombra.
...¿Recuerdas? Te imploraba mi esperanza,
¡pero ya mi esperanza no te nombra!
¡No ha de nombrarte!...¿para qué?... Vacía
está el ara, y la historia yace trunca.
¡Ya para que esperar que irradie el día!
¡Ya para que decirnos: Todavía!
Si una voz grita en nuestras almas: ¡Nunca!
Dices que eres la misma; que en tu pecho
la dulce llama de otros tiempos arde;
que el nido del amor no esta desecho,
que para amarnos otra vez, no es tarde.
¡Te engañas!... ¡No lo creas!... Ya la duda
echó en mi corazón fuertes raíces.
Ya la fe de otros años no me escuda...
Quedó de sueños mi ilusión desnuda,
¡y no puedo creer lo que me dices!
¡No lo puedo creer!... Mi fe burlada,
mi fe en tu amor perdida,
es ansia de una nave destrozada,
¡ancla en el fondo de la mar caída!
Anhelos de un amor, castos risueños,
ya nunca volveréis... Se van... ¡Se esconden!
¿Los llamas?... ¡Es inútil!... No responden...
¡Ya los cubre el sudario de mis sueños!
Hace tiempo se fue la primavera...
¡Llegó el invierno, fúnebre y sombrío!
Ave fue nuestro amor, ave viajera,
¡y las aves se van cuando hace frío!
viernes, octubre 22, 2010
Jose Antonio Galan - Ismael Enrique Arciniegas

De el Pienta al Suárez y hasta el alta sierra
rebelde levantó puño de acero.
Dejó la azada y se trocó en guerrero;
y cuando ceden todos, clama la guerra.
Contra asechanzas e imposible cierra
al aire su pendón de Comunero,
y se alza ante la muerte, rudo y fiero,
cual risco erial de su nativa tierra.
Y al lanzarlo el verdugo en el vacío,
de lo alto de la horca, maniatado,
la faz adusta y el mirar sombrío,
al salto se apresura, y más lo ahoga
la ira ante el intento fracasado
que el nudo corredizo de la soga.
rebelde levantó puño de acero.
Dejó la azada y se trocó en guerrero;
y cuando ceden todos, clama la guerra.
Contra asechanzas e imposible cierra
al aire su pendón de Comunero,
y se alza ante la muerte, rudo y fiero,
cual risco erial de su nativa tierra.
Y al lanzarlo el verdugo en el vacío,
de lo alto de la horca, maniatado,
la faz adusta y el mirar sombrío,
al salto se apresura, y más lo ahoga
la ira ante el intento fracasado
que el nudo corredizo de la soga.
martes, octubre 19, 2010
El Cacique Guanenta - Ismael Enrique Arciniegas

Después de tres combates iba en derrota. El día
brillaba en "Macaregua" como una llamarada,
y contra pedrejones, en la árida hondonada,
el Chicamocha en blancas espumas se rompía.
Guanentá con los guanes el peñascal subía,
haciendo rodar piedras, la ira en la mirada;
Galiano y sus soldados siguieron la jornada
por entre los barrancos de la agria serranía.
Ante los arcabices su fila ya deshecha,
subió el cacique a un risco bañado en resplandores,
y cuando ya en su aljaba faltó la última flecha,
su airón de rojas plumas despedazó bravío,
el arco de macana lanzó a los invasores,
y de un salto, sobre ellos, precipitóse al río.
brillaba en "Macaregua" como una llamarada,
y contra pedrejones, en la árida hondonada,
el Chicamocha en blancas espumas se rompía.
Guanentá con los guanes el peñascal subía,
haciendo rodar piedras, la ira en la mirada;
Galiano y sus soldados siguieron la jornada
por entre los barrancos de la agria serranía.
Ante los arcabices su fila ya deshecha,
subió el cacique a un risco bañado en resplandores,
y cuando ya en su aljaba faltó la última flecha,
su airón de rojas plumas despedazó bravío,
el arco de macana lanzó a los invasores,
y de un salto, sobre ellos, precipitóse al río.
lunes, octubre 18, 2010
La Invasion - Ismael Enrique Arciniegas

Desde el Opón avanza la tribu cual torrente
a Teusaquillo en fuga. Detrás, del rayo armados,
los Hijos del Sol vienen. Surge el Zipa, y postrados,
indios, jeques y usaques doblan ante él la frente.
Piedad del sol imploran con súplica ferviente;
del ara corre sangre de niños degollados;
se oyen sonar clarines... Y todos, angustiados,
huyen al alto cerro que se alza en el Oriente.
A la llanura llega Quesada. Por Castilla
y su Rey, el acero levanta, mientras brilla
la luz como una rosa de fuego en su coraza.
Del cerro al sol entonces se alza una nube oscura
de flechas y hondo grito la tribu da en la altura:
el grito, ante la muerte, de la vencida raza.
a Teusaquillo en fuga. Detrás, del rayo armados,
los Hijos del Sol vienen. Surge el Zipa, y postrados,
indios, jeques y usaques doblan ante él la frente.
Piedad del sol imploran con súplica ferviente;
del ara corre sangre de niños degollados;
se oyen sonar clarines... Y todos, angustiados,
huyen al alto cerro que se alza en el Oriente.
A la llanura llega Quesada. Por Castilla
y su Rey, el acero levanta, mientras brilla
la luz como una rosa de fuego en su coraza.
Del cerro al sol entonces se alza una nube oscura
de flechas y hondo grito la tribu da en la altura:
el grito, ante la muerte, de la vencida raza.
sábado, octubre 16, 2010
Dia En Santafe - Ismael Enrique Arciniegas

Es día de mercado. Gentío vocinglero.
El toque de las doce suena en la Catedral.
Todos la frente inclinana, en la mano el sombrero
y hay silencio en la plaza y en la Calle Real.
Luego, desde la Audiencia, la voz del pregonero
grita que castigado con pena capital
será todo cismático, blasfemo o hechicero.
"Yo el Rey", dice la Cédula, dada en el Escorial.
La siesta. Se oye el agua por el caño. Modorra.
Monserrate, entre burmas, lentamente se borra.
La tarde. Bellas damas se ven en un balcón.
Y bendiciendo al pueblo, la Plaza Mayor cruza,
en su mula retinta, de pradera andaluza,
el arzobispo, en lento paseo a Fontibón.
El toque de las doce suena en la Catedral.
Todos la frente inclinana, en la mano el sombrero
y hay silencio en la plaza y en la Calle Real.
Luego, desde la Audiencia, la voz del pregonero
grita que castigado con pena capital
será todo cismático, blasfemo o hechicero.
"Yo el Rey", dice la Cédula, dada en el Escorial.
La siesta. Se oye el agua por el caño. Modorra.
Monserrate, entre burmas, lentamente se borra.
La tarde. Bellas damas se ven en un balcón.
Y bendiciendo al pueblo, la Plaza Mayor cruza,
en su mula retinta, de pradera andaluza,
el arzobispo, en lento paseo a Fontibón.
lunes, octubre 04, 2010
Antes De Boyaca - Ismael Enrique Arciniegas

Junio. Mil ochocientos diecinueve.
¡PISBA! Es un triste amanecer. La aurora
las altas cimas débilmente dora
donde se ve brillar eterna nieve.
Ráfaga helada los arbustos mueve;
silencio y soledad aterradora;
el HÉROE, en tanto, el horizonte explora...
Caen soldados de fatiga. Llueve.
Una sombra oscurece su pupila;
tiembla su corazón... En remolino
se alza la bruma. En su corcel vacila.
Mas de pronto surgió, cortando el cielo,
un águila... Y siguió por el camino
que iba indicando el águila en su vuelo.
¡PISBA! Es un triste amanecer. La aurora
las altas cimas débilmente dora
donde se ve brillar eterna nieve.
Ráfaga helada los arbustos mueve;
silencio y soledad aterradora;
el HÉROE, en tanto, el horizonte explora...
Caen soldados de fatiga. Llueve.
Una sombra oscurece su pupila;
tiembla su corazón... En remolino
se alza la bruma. En su corcel vacila.
Mas de pronto surgió, cortando el cielo,
un águila... Y siguió por el camino
que iba indicando el águila en su vuelo.
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