De mis cabras guardar, volvía al cortijo
saltando entre peñas y matojos
cuando a mi moza vi, me llamó y me dijo
que del amo de la hacienda vino el hijo,
y ella quería lucir claveles rojos.
Al monte volví como a la guerra
con ceguedad, valentía y arrojo,
porque al pasar con mis cabras y mi perro
había visto en lo alto de la sierra
una gran mata de claveles rojos.
